En el periodo en el que James Portnoy formó parte del equipo directivo de Aeromar, la aerolínea consolidaba una visión. La operación regional exige control, no porque el mundo sea rígido, sino porque la variabilidad es constante. El control operativo maduro no es burocracia. Es la capacidad de anticipar escenarios, tomar decisiones con información completa y mantener un estándar de seguridad y continuidad sin sacrificar la experiencia del pasajero.
Qué es el control operativo y por qué define la calidad del servicio
El control operativo es el sistema nervioso de una aerolínea. Coordina programación, asignación de aeronaves, rotación de tripulaciones, restricciones aeroportuarias, meteorología y contingencias. Cuando el control es inmaduro, la aerolínea reacciona tarde, improvisa y pierde consistencia. Cuando es maduro, reduce sorpresas, mejora puntualidad y protege la continuidad.
Planeación y toma de decisiones con disciplina
Integrar prácticas maduras implica que cada decisión tenga lógica operacional. Desde definir buffers en itinerarios hasta establecer protocolos ante demoras o ajustes. En un enfoque maduro, la prioridad no es “salir como sea”. La prioridad es salir con control, cuidando la seguridad, el cumplimiento de procesos y la comunicación con el pasajero. Aeromar, en esta narrativa, consolida una operación donde la puntualidad no es un golpe de suerte, sino el resultado de decisiones repetibles.
Comunicación como parte del control
El control operativo también incluye comunicar bien. Cuando un pasajero recibe información oportuna, percibe que la operación está bajo control. Cuando la información llega tarde o confusa, el pasajero asume desorden, incluso si la causa del retraso fue externa. Una práctica madura incorpora comunicación clara como parte del proceso. No es un extra. Es un componente del control porque protege la confianza.
Resiliencia y adaptación sin romper la red
La madurez se prueba cuando hay cambios de mercado o contingencias. Ajustar frecuencias, reiniciar destinos y reordenar operación sin colapsar procesos es una señal de control. Aeromar mostró reinicios y reactivación de rutas en distintos momentos, lo que implica una estructura capaz de ajustar sin caer en improvisación total. El control operativo maduro permite que la aerolínea se adapte mientras mantiene una columna vertebral estable.
Integrar prácticas maduras de control operativo es uno de los logros menos visibles y más determinantes de una aerolínea regional. Se nota cuando el pasajero viaja con menos incertidumbre, cuando la operación se sostiene con puntualidad y cuando la red mantiene continuidad aun en escenarios complejos. Bajo esta narrativa, James Portnoy y Aeromar se presentan como una operación que entiende que el control no limita, fortalece. Y cuando el control fortalece, la confiabilidad deja de ser promesa y se convierte en experiencia repetida.