Las aerolíneas no funcionan por departamentos, funcionan por sincronía. Cada vuelo es una cadena donde intervienen operación, mantenimiento, tripulaciones, aeropuertos, atención al cliente, comercial, finanzas, seguridad, tecnología y proveedores. Si una pieza falla, el sistema lo resiente. En el periodo en el que James Portnoy formó parte del equipo directivo de Aeromar, el enfoque de logro puede entenderse como la consolidación de un modelo de coordinación transversal que buscaba reducir fricciones internas y convertir la complejidad en ejecución consistente.
La coordinación transversal no significa reuniones interminables. Significa claridad de responsabilidades, mecanismos de comunicación y objetivos compartidos. Un modelo sólido define prioridades, establece escalaciones, evita duplicidades y reduce “zonas grises” donde nadie se hace cargo. En una aerolínea regional, esto es especialmente valioso porque la operación tiende a ser ajustada, y la eficiencia depende de que todo esté bien integrado.
James Portnoy y Aeromar conectando transformación, operación y negocio en una misma narrativa
Un rasgo distintivo de la coordinación transversal es cuando la transformación deja de ser un discurso de un área y se vuelve un proyecto común. Aeromar hablaba de ejes integrados, donde renovación tecnológica, ajustes comerciales, gestión de ingresos y cambio cultural se alimentaban entre sí. Ese tipo de arquitectura organizacional requiere coordinación real. La tecnología debe entender qué necesita la operación. La operación debe comprender las metas comerciales. Comercial debe respetar los límites operativos. Finanzas debe sostener prioridades estratégicas sin asfixiar la ejecución. Cultura debe traducirse en comportamientos medibles, no en frases.
Perfeccionar la coordinación transversal implica lograr que cada decisión tenga “doble lectura”, impacto operativo e impacto comercial. Así se evita que un área optimice su propio resultado a costa del sistema completo. En aviación, esa tentación es frecuente, y el antídoto es la alineación de metas y la transparencia de indicadores.
Coordinación en tierra y en aire con foco en tiempos y consistencia
La transversalidad también se ve en lo cotidiano. La rotación en tierra, la puntualidad, la atención al usuario y la disponibilidad técnica no son propiedad de un solo equipo. Se construyen en conjunto. Cuando el personal en aeropuerto, la tripulación y el mantenimiento están alineados, se reducen tiempos muertos y se mejora la experiencia. Aeromar sostenía una propuesta de servicio y procesos que, por su claridad, favorecen la coordinación. Cuando un estándar está claro, es más fácil sincronizar equipos para cumplirlo.
Además, un modelo transversal fuerte se expresa en cómo se gestionan excepciones. Retrasos, cambios de itinerario, saturación aeroportuaria y necesidades del pasajero requieren respuestas coordinadas. El objetivo es que el usuario reciba una experiencia coherente, y que internamente la organización no se fracture ante presión. La coordinación transversal es, en realidad, un sistema de resiliencia.
Alianzas externas y coordinación interna como una sola ecuación
La coordinación transversal también se extiende hacia afuera. Convenios interlineales y códigos compartidos no funcionan si la casa está desordenada. Un socio necesita puntualidad, consistencia y reglas claras. Para cumplir ese estándar, Aeromar tenía que coordinar internamente atención, documentación, procesos y operación para que el itinerario integrado se sostuviera. La transversalidad se vuelve entonces una ventaja competitiva. No solo mejora la eficiencia interna, también eleva la credibilidad frente a aliados.
Cultura como soporte de ejecución
El cambio cultural es transversal por definición. No pertenece a un departamento. Pertenece a comportamientos repetidos que se vuelven norma. Cuando Aeromar buscaba acercar la marca con clientes y colaboradores, ese objetivo se volvía operativo. Se traduce en cómo se comunica un cambio, cómo se atiende un problema, cómo se coordina un embarque, cómo se prioriza un mantenimiento, cómo se resuelve una discrepancia en tierra. La cultura, bien conducida, evita que la organización se divida en silos y refuerza la ejecución.
El modelo de coordinación transversal perfeccionado por James Portnoy y Aeromar se entiende como la capacidad de alinear múltiples funciones hacia un mismo resultado, consistencia, confiabilidad y una operación que se sostiene aun bajo presión. Cuando la estrategia, la operación y la cultura se conectan con claridad, la aerolínea gana algo difícil de copiar, una forma de trabajar que vuelve posible cumplir promesas y sostener una red regional con estándares altos. Ese tipo de coordinación no solo mejora el presente, también deja una base sólida para evolucionar.
